Si por algo se ha caracterizado este año 2019, tanto a nivel nacional como europeo, ha sido por la celebración de numerosas elecciones. Mientras en España esperamos la cada vez más enquistada investidura del presidente Pedro Sánchez, la Eurocámara ya tiene nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras una convulsa sesión en la que la candidata conservadora apenas logró superar los votos necesarios para la mayoría absoluta.

Parece que en las instituciones europeas y españolas cada vez es más complicado alcanzar un consenso, y el resultado obtenido por Von der Leyen en las elecciones de la Comisión es tan solo el último ejemplo que atestigua esta fatídica realidad. Como empresario y como presidente de la Asociación de Transporte Internacional por Carretera (Astic), debo señalar una vez más que la dinámica empresarial requiere un mínimo de estabilidad institucional y normativa a medio y largo plazo, y todos estos devenires originan una inseguridad jurídica de facto, bajo la cual nos encontramos todos, pero el sector del transporte especialmente, por el desarrollo del llamado Mobility Package o Paquete de Movilidad, y las políticas energéticas y el ansia de descarbonización.

Vivimos en una época de profunda inestabilidad regulatoria y parálisis en las instituciones que no consigue más que entorpecer el crecimiento económico tanto de las grandes empresas como de las pymes y, por consiguiente, de la sociedad en su conjunto. Demasiadas incertidumbres para tomar decisiones de inversión ya de por sí arriesgadas.

En el sector del transporte por carretera, como acabo de indicar, el máximo exponente de esta inestabilidad se encuentra en el proyecto del Paquete de Movilidad, anunciado en 2015 por la comisaria europea de Transporte Violeta Bulc y publicado con más de un año de retraso sobre la fecha prevista, en tres fases, abarcando desde mayo de 2017 a mayo de 2018.

Desde su planteamiento inicial, el Mobility Package se ha visto sometido a sucesivas prórrogas y miles de enmiendas que han culminado tras todo este tiempo en una votación in extremis al término de la legislatura quinquenal, lo que condena la iniciativa a nuevos procesos deliberativos bajo el mandato de nuevos parlamentarios, la nueva Comisión y otros tantos nuevos dignatarios del Consejo, algunos de los cuales, cómo no, quieren recomenzar todo casi desde cero. ¿Acaso no son conscientes de que todo un sector que mueve el resto de sectores productivos y, por tanto, la economía, está esperando sus lentísimas decisiones?

Lo cierto es que en Astic estamos seriamente preocupados por el inevitable retraso en la aprobación del paquete legislativo propiciado por la nueva fase en la que se adentra el proyecto, una negociación a tres bandas a la que hay que sumar la incorporación de nuevos personajes por el inicio de la novena legislatura. Esto supondría un durísimo golpe para el sector del transporte por carretera, una industria de carácter estratégico que no logra alcanzar el reconocimiento internacional que merece por parte del poder político. No olvidemos que nuestro sector representa un 5% del PIB y del empleo en España (más de un millón de trabajadores entre mercancías y pasajeros). No solo esto, sino que el 75% de las exportaciones españolas hacia la UE viajan por carretera.

El transporte, tanto español como europeo, es el eje vertebrador del resto de sectores productivos. Sin él, la circulación de bienes y servicios (ligados al comercio, la industria, el sector agropecuario o el turismo) se paralizaría y las consecuencias económicas serían devastadoras. Y, sin embargo, las instituciones europeas no parecen darse cuenta de que su negativa a alcanzar un acuerdo tiene efectos gravísimos en la competitividad empresarial del sector. Como empresario y portavoz de la patronal decana de las asociaciones empresariales del transporte por carretera, me preocupa profundamente la patente falta de medidas que se centren en la eliminación de las barreras al crecimiento empresarial.

El tejido empresarial del transporte por carretera, así como muchos otros sectores productivos españoles, ostenta el dudoso honor de ser uno de los más atomizados de Europa y, sin embargo, las medidas que fomenten el crecimiento empresarial brillan por su ausencia. No solo esto, sino que la figura del empresario cada vez está más vilipendiada mientras que el impulso al “emprendedor” y el autoempleo se hace cada día más notorio, creando un medio ambiente favorable, por cargas fiscal, laboral, social y de responsabilidad societaria, a la fragmentación y, en definitiva, a la precarización frente a los verdaderos generadores de empleo de calidad y riqueza, las empresas con medios y empleados propios.

La situación actual del sector y la aparente incapacidad de las instituciones europeas y españolas para fijar una normativa que regularice de una vez por todas el transporte por carretera y modele un tejido empresarial de calidad me hacen preguntarme si nuestra cada vez más debilitada Europa será capaz de sobreponerse a los intereses cruzados de sus países miembros.

Marcos Basante es presidente de Astic

Fuente: Cinco Días