Kazajistán, en el corazón de Asia, quiere reducir el uso de combustibles fósiles en el sector energético y de transporte. Es decir, cambiar el carbón y el petróleo, dos de sus principales generadores de riqueza, por la fotovoltaica, eólica, hidroeléctrica y geotérmica. Incluso, su otra gran ambición es convertirse también en exportador de energías renovables (ya lo es de crudo).

El viento y el sol juegan un papel relevante en un país con un extenso territorio –es el noveno más grande del mundo– y que aspira a ser un modelo de desarrollo sostenible en la región central asiática. “El potencial de los recursos renovables en Kazajistán es de 920.000 millones de kWh al año de eólica y 2.500 millones de kWh al año de fotovoltaica”, detalla Rapil Zhoshybaev, director del Centro Internacional de Proyectos de Inversión y Tecnologías Verdes ­(IGTIPC, por sus siglas en inglés) en una entrevista a CincoDías, en el marco del Foro Económico de Astaná, celebrado en mayo pasado en Nursultán, la capital (antigua Astaná) de esta exrepública soviética.

El país impulsa una superred para exportar energía verde a China y Corea del Sur

En febrero de 2018, de hecho, el sector privado puso en marcha la mayor planta solar de la zona, de 100 megavatios, en la ciudad de Sarán, en la provincia de Karagandá, a más de cuatro horas de la capital, una moderna estepa, llena de rascacielos, muy fría en invierno (la temperatura puede descender hasta los -40 grados), que se sitúa al norte. “La tecnología es alemana y los paneles solares son chinos”, apunta Zhoshybaev, que dirige el IGTIPC desde su creación hace un año.

Este centro provee, además, asistencia a dos proyectos en curso en Almaty (al sur): una estación minihidroeléctrica y una granja fotovoltaica –megavatios sin especificar–; trabaja en la construcción de un parque eólico de 100 megavatios, que se hará en dos fases de 50 megavatios cada una, la primera comenzó este año y la segunda está prevista que se inicie en 2020. E investiga, con el apoyo del Banco Mundial, las posibilidades de la geotérmica en el sur.

Rapil Zhoshybaev, director del IGTIPC, en el Foro Económico de Astaná. Rapil Zhoshybaev, director del IGTIPC, en el Foro Económico de Astaná.

La movilidad es otro de los focos. Las urbes están en un proceso de migración del diésel y la gasolina al gas (nada más subirse a un coche, el olor marea), mientras que en el transporte público se preparan para la entrada de autobuses eléctricos, cuya fábrica de producción está en Almaty.

El Banco Europeo para la Reconstrucción y el ­Desarrollo (EBRD, por sus siglas en inglés), que acaba de firmar un acuerdo de inversión conjunta con el Ejecutivo kazajo, contabiliza 254 proyectos a la fecha –concluidos o en proceso–, el 50% de ellos son privados y suponen una financiación total por parte de este ­organismo de 7.962 millones de euros. El portafolio actual asciende a 2.388 millones.

El megaproyecto

Otra de sus grandes apuestas es el denominado proyecto Supergrid, que cuenta con el visto bueno de China y la asesoría del Nobel de la Paz de 2007 Rae Kwon Chung, autor del concepto crecimiento verde. La idea es que Kazajistán exporte energías renovables a Rusia, China, Japón y Corea del Sur a través de una amplia red de distribución eléctrica de alta tensión que favorezca la integración y la seguridad energética en la región. “Hay un grupo de trabajo enfocado en esta iniciativa, quizás en 2020 o 2022 tendremos resultados”, confía Zhoshybaev.

“Los Estados deben presionar para que el desarrollo sostenible sea una prioridad. La inversión climática es aún insuficiente porque genera beneficios a largo plazo y los Gobiernos tienen una visión cortoplacista del cambio climático. Y, créanme, cuando invirtamos en la gente y en el planeta seremos más prósperos”, defendió Kwon Chung, miembro del grupo de expertos de la ONU en cambio climático (IPCC), en el foro que se celebra desde hace más de una década, y al que este periódico asistió gracias a una invitación del Ejecutivo kazajo.

Nuestra plataforma busca acelerar la incorporación de fuentes limpias para alcanzar las metas climáticas

Rapil Zhoshybaev (IGTIPC)

Estas iniciativas se enmarcan dentro del compromiso internacional de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, en una nación con grandes reservas de petróleo, gas y carbón, y que incluye políticas de adaptación, mitigación e innovación tecnológica para luchar contra el cambio climático.

Nursultán suscribió el Acuerdo de París de 2015 mediante un decreto de julio de 2016 aprobado por su primer presidente desde la independencia de la URSS y hasta marzo de este año –cuando dimitió por sorpresa–, Nursultán Nazarbáyev, y que fue ratificado después, en octubre de ese año, por el Parlamento. Por eso, en su honor, la urbe ha sido reabautizada con su nombre.

Y en 2013 estableció un programa de transición hacia una economía verde que fija las siguientes metas: la generación eléctrica limpia debe representar al menos el 3% del mix energético en 2020; el 30% en 2030, y el 50% en 2050. En la actualidad, el Ejecutivo evalúa la incorporación de facilidades e incentivos fiscales para atraer inversión. Su prioridad es abandonar gradualmente el uso de hidrocarburos, siempre que el potente lobby del carbón lo permita, y convertirse así en líder renovable de Asia Central.

La labor del Green Tech

Objetivo. Su misión es fomentar el uso de energías renovables en Kazajistán. Para lograrlo, cuenta con una plataforma que conecta a inversores extranjeros con locales. Aquí se comparten experiencias, contactos y se establecen relaciones de negocio.

Mecanismos. El Gobierno instauró en 2018 un sistema de subastas a través del cual los ganadores obtienen un contrato de compra de electricidad por 15 años con el Settlement and Financial Center of Renewable Energy, una institución pública que centraliza la compraventa de energía verde en el sector.

Interés. Diversas compañías españolas exploran este mercado, como Acciona. Aunque hasta ahora solo Ambiente, Energía y Naturaleza, en joint venture con una firma canadiense, ha concretado proyectos.

Fuente: Cinco Días