El grupo automovilístico Volkswagen (VW) confirmó ayer la muerte en Baviera (Alemania), a los 82 años, de Ferdinand Piëch, expresidente de la empresa y uno de los responsables de convertir a la compañía alemana en una de las mayores automovilísticas del mundo. El fallecimiento se produjo el domingo, pero la compañía lo anunció ayer.

Piëch, nieto de Ferdinand Porsche, comenzó su carrera en la marca Porsche, fundada por su abuelo –miembro del partido nazi– en 1931. Posteriormente, Piëch fichó por Audi, que al igual que Porsche forma parte del grupo VW. Fue escalando posiciones en Audi hasta que llegó a dirigir la empresa. Piëch, ingeniero de profesión, logró situar a Audi al mismo nivel que sus competidoras BMW y Mercedes-Benz debido, en gran medida, a los tres modelos que lanzó durante su gestión al frente de la empresa: Quattro, 100 y 200.

«Piëch llevó a Audi al máximo desarrollo tecnológico con sus innovadoras propuestas, como el modelo Quattro y el motor TDI. Además, consiguió que Audi sea una marca prémium», expresó ayer Herbert Diess, consejero delegado de VW. «Piëch fue una persona valiente, emprendedora y técnicamente brillante», añadió Diess, que lidera VW desde abril de 2018.

Después de dirigir Audi, Piëch pasó, en 1993, a ser el presidente de VW. La compañía, en ese momento, producía tres millones de automóviles por año, contaba con 250.000 empleados y reportaba pérdidas por 1.000 millones de dólares. Diez años después, cuando dejó la presidencia, la plantilla de VW había crecido un 30% y la producción de coches había aumentado un 70%. Las pérdidas se convirtieron en un beneficio neto de 1.500 millones de dólares. «En otras palabras, un fabricante de automóviles alemán en quiebra se había convertido en un gigante mundial rentable», valoró Liam Proud, analista de Reuters.

Piëch decidió que VW ingresara en el segmento de coches de lujo y compró la marca italiana Lamborghini, la francesa Bugatti y la británica Bentley, además de sofisticar a Audi. La gran adquisición de VW llegó tiempo después de que haya dejado la presidencia, en 2012, cuando VW compró el 100% de Porsche tras haber adquirido, tres años antes, una participación mayoritaria en la empresa creada por Ferdinand Porsche. Piëch había dejado de dirigir la compañía, pero mantenía su influencia desde la presidencia del consejo de supervisión de VW, donde estuvo hasta 2015, año en el que abandonó todos sus cargos en la compañía.

El poder que Piëch detentó durante su trayectoria no está exento de controversias. «A pesar de sus logros, quizás el hecho más oscuro del legado de Piëch fue su manera de gobernar de manera autocrática», apuntó el analista Proud.

«El miedo que inspiró no solo silenció la disidencia sino que, combinado con las altas expectativas que estableció, posiblemente contribuyó a la costosa crisis de emisiones de diésel de VW», añadió el analista.

Proud hace referencia al escándalo que salió a la luz en septiembre de 2015 en el que VW instaló de manera ilegal un software para alterar los resultados de los controles técnicos de emisiones contaminantes en 11 millones de automóviles con motor diésel que se vendieron entre 2009 y 2015. Estos vehículos excedían hasta 40 veces el límite legal de óxido de nitrógeno permitido. VW pactó, en 2016, con las autoridades de EE UU el pago de 17.500 millones de dólares como compensación a concesionarios y propietarios de los vehículos afectados.

Piëch, en definitiva, con sus aciertos y sus errores, marcó una época en la industria alemana y en VW. De pasar a perder 1.000 millones de dólares por año cuando tomó el timón de la empresa, la compañía, 27 años después, triplicó la cantidad de coches que produce y, ahora, es el mayor fabricante de vehículos a nivel mundial.

Fuente: Cinco Días