El consejo de administración de Endesa ha acordado parar definitivamente la producción de sus dos centrales de carbón de importación, las de As Pontes (La Coruña) y Litoral, en Carboneras (Almería), con lo que da por clausurado todo su parque de generación con este combustible en la Península. La eléctrica controlada por la italiana Enel, había solicitado a finales del año pasado al Ministerio para la Transición Ecológica el cierre de sus dos plantas de carbón nacional de Compostilla, en Cubillos del Sil (León) y Andorra (Teruel), pero había optado por mantener las de carbón de importación toda vez que había realizado las inversiones medioambientales en desnitrificación: 200 millones en Litoral y 170 millones en As Pontes, según la compañía. Una exigencia de Bruselas para las centrales que quieran seguir produciendo a partir de junio de 2020.

 Sin embargo, tal como informó el viernes en un hecho relevante a la CNMV, Endesa ha decidido “promover la discontinuidad de la producción de sus centrales en la Peninsula”. La realidad es que en lo que va de 2019 estas centrales no logran casar en el mercado, no son competitivas y “no resulta previsible” que vayan a funcionar. fundamentalmente , según la compañía, “por el precio internacional de las commodities y la efectividad de los nuevos mecanismos de regulación del mercado de derechos de emisión de CO2”, cuya oferta se limitó desde enero para hacer subir el precio. Una “situación estructural”, señala Endesa, que ha determinado que estas plantas sean desplazadas en el mercado por otras tecnologías. Un demoledor dato así lo demuestra: en lo que va de año la producción de electricidad con carbón apenas ha superado el 5%, frente a casi el 20% de 2015.

Aunque mientras no reciban la autorización del ministerio para el cierre (Endesa debe aún solicitarlo) estas centrales estarían obligadas a producir si el operador del sistema (REE) así se lo requiere, Endesa ha decidido oficializar la situación ante el mercado por “la falta absoluta de expectativas de futuro”, indican.

Así, como es del todo improbable recuperar las inversiones o que las centrales salgan de pérdidas, la compañía que dirige José Bogas avanzó el viernes el registro de un deterioro contable de activos por 1.300 millones de euros (el valor de las cuatro grandes centrales), cuyo detalle se incluirá en el informe de gestión consolidado del tercer trimestre, que se hará público el 5 de noviembre.

Esa cantidad incluye también el importe estimado para la provisión del desmantelamiento de estas instalaciones. Según Endesa, se evaluarán “opciones de futuro en sus emplazamientos”.

La energética deja claro que el deterioro contable, que reducirá el importe futuro de las amortizaciones estimadas en el conjunto de las centrales, “no se tendrá en consideración en el cálculo del beneficio neto ordinario conforme a la política de dividendo vigente, por lo que no tiene impacto alguno en la determinación de la remuneración del accionistas”. Endesa, con un 70% en manos de Enel, reparte anualmente el 100% de su beneficio.

El cierre de las dos grandes térmicas de importación de Endesa afectará a unas 300 personas. Un ajuste se suma al de las plantillas de Compostilla (166) y Andorra (153). La empresa puntualiza que no habrá despidos, sino que los empleados afectados serán recolocados o prejubilados. El carbón no ha resistido el embate del precio del CO2, un mecanismo disuasorio contra el carbón en el marco de la transición energética y, en el caso de España, la vuelta al impuesto del 7% a la generación en el segundo trimestre de este año y la eliminación del céntimo verde solo para el gas, que ha comenzado este año a ser más competitivo que aquel combustible.

Cuando Endesa solicitó el cierre de las dos plantas de carbón nacional presentó ante el ministerio unos planes de inversión en las regiones afectadas por más de mil millones de euroes en 1.300 MW fotovoltaicos. Ahora, reitera que su previsión es “aumentar de manera significativa en su próximo plan estratégico, que será aprobado anres de fin de año, las inversiones destinadas a la construcción de nueva capacidad de generación renovable”, señala el hecho relevante.

La Xunta de Galicia lamentó, tras conocer la decisión, el cierre de As Pontes y criticó «l manera de actuar de un Gobierno socialista que toma decisiones sin pensar en las consecuencias que tiene para Galicia en términos de actividad económica y empleo».

EDP se queda sola en la Península

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que el Gobierno envió a Bruselas el pasado febrero, incluye el cierre de las centrales de carbón en 2030. Visto lo visto, prácticamente todo el parque, salvo la central de Alcudia (Mallorca) de la propia Endesa y las plantas asturianas de Soto III y Aboño II de EDP España, que seguirá más allá de 2020, habrán pasado a la historia el próximo año, 10 años antes de lo previsto por el PNIEC.

Las cuatro grandes centrales sentenciadas de Endesa suman una capacidad de 4.780 MW, a más de 1.000 MW por central, siendo la mayor As Pontes, con 1.469 MW. A ellas se suman las de sus competidoras, Iberdrola y Naturgy, que están en proceso de cierre. Iberdrola pidió a finales de 2017 la clausura de las dos pequeñas térmicas que aún le quedan (Lada, en Asturias, y Velilla, en Palencia) y Naturgy ha hecho lo propio para todas sus centrales: de Anllares (que comparte con Endesa), La Robla, Narcea y Meirama.

Aunque Enel optó por invertir en Litoral y Andorra casi 400 millones de euros para mantenerlas en funcionamiento unos años más, la expulsión del mercado eléctrico de esta tecnología  ha llevado al accionista de Endesa a tirar la toalla.

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Fuente: Cinco Días